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Los sueños no se conjugan con los menesteres cotidianos. Soñar con irnos a esa típica y famosa isla es estar derechito camino a evadir la realidad.
En ese preciso instante en que empiezo a divagar sobre "la isla" debo hacer un "paralé", lo que pasa es que en esa isla la tan ansiada libertad se hará cotidiana y la novedad se irá ahogando, además se hará notoria la falta del desodorante, de libros, papel y computador e Internet y la cama mullida, la nana …
La cuestión es que si nuestro pueblo o ciudad ya nos queda inaguantablemente chico o grande o estrecho o falto de aire y nos surge la idea de irnos a una isla, esto representa una idea-fuerza, ya casi un símbolo universal que en el fondo quiere decir " estoy chata(o), no quiero mas, aquí no soy yo, juego papeles que me impongo creyendo que otros me los imponen y en el fondo me los impongo por miedo a quedar descartada, desterrada, desechada de mi tribu original." O sea, es un miedo ancestral, la trampa es creer que esa isla mítica, fatamorgana en el horizonte, idealizada, inconcientemente nos proveerá de lo que nuestro profundo deseo busca y rebusca desde los orígenes, un lugar seguro, libre de amenazas, "la fortaleza", la capilla sixtina individual, propia, compartida con personas no-amenazantes…
La trampa es la siguiente: el pueblo, la ciudad, insoportables, el motivo de nuestra huida jamás quedará atrás, la andamos trayendo como estructura mental, en los colores del aura, como un caracol acarreando su casita…el que tropezaba en la urbe, tropezará con troncos y ramas, el perseguido aquí no será libre allá…
Tal vez lo anterior sea cierto o presa de un carcelero imaginario que prohíbe el paseo libre por distintos lares, solo quiera justificar la falta de valor para cambiar de paradero, tal vez son poderosas las cadenas que impiden salir, cadenas siempre creaciones de la propia mente, tal vez…
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